InicioBlog¿A dónde vas, Soledad?. Una aproximación conceptual a un fenómeno complejo y lleno de matices.

¿A dónde vas, Soledad?. Una aproximación conceptual a un fenómeno complejo y lleno de matices.

La soledad es uno de los grandes temas de actualidad, tanto desde el punto de vista académico como desde el social. Hablamos de un fenómeno que, en los últimos años, ha ido adquiriendo relevancia y cobrando presencia en medios. Por lo general, a nuestra amiga soledad le suele acompañar cierta dosis de drama y sensacionalismo que, en más de una ocasión, contribuye a equiparar este sentimiento con una epidemia. Vamos, una vuelta de tuerca más hacia la sanitarización y medicalización de otro aspecto social de nuestras vidas.

En cierto modo, esta visión proviene de diferentes estudios que apuntan hacia la relación causal existente entre el binomio soledad y mala salud. Sin embargo, tomando como referencia los planteamientos de autoras como Christina Victor o Nicole Valtorta, dicha causalidad no parece quedar tan clara. Cabría, pues, preguntarse si es la soledad la que provoca los problemas de salud o viceversa, mi mala salud es la que me lleva al aislamiento y la soledad. ¿Se trata de una relación bidireccional que se retroalimenta?. Los datos que manejamos en la actualidad no se consideran concluyentes, por lo que seguimos sin poder afirmar qué causa qué.

De cualquier manera, el mensaje que trasciende es el de que la soledad “mata”, lo cual simplifica una realidad compleja que requiere un abordaje integral de todos los agentes y que debería contemplar aspectos tan vitales como las trayectorias psicológicas, biológicas y conductuales de las personas.

Otro factor a tener en cuenta cuando hablamos de la soledad es que bajo un mismo sustantivo se suele aludir a realidades muy diversas. Así, podemos estar describiendo una situación objetiva u observable de insuficientes relaciones sociales, referirnos al tipo de hogar en el que vive una persona en solitario, hablar de personas que pasan mucho tiempo a solas… o bien atender a una aproximación más subjetiva conocida como el sentimiento de soledad.

La relación entre estas facetas es compleja, ya que la existencia de tejido social no implica la presencia de una relación de confianza o la ausencia de sentimientos de soledad, de la misma manera que vivir en solitario no conlleva directamente la carencia de relaciones sociales o a que la persona se sienta sola. Efectivamente, parece un trabalenguas que reclama un uso más preciso del lenguaje, que ilustre adecuadamente las distintas realidades, ya que con facilidad estos términos se utilizan de forma intercambiable, lo que dificulta un adecuado abordaje de las diferentes soledades.

A esto se debe añadir las características idiosincráticas de las diferentes sociedades y culturas en las que tales situaciones se producen, que influyen en los significados otorgados e interpretaciones realizadas y, en consecuencia, en la percepción subjetiva en el ámbito individual como en su gestión social.

La alarma social que se está creando con relación a la soledad tiene que ver con las tendencias sociodemográficas actuales, ligadas a modelos de convivencia más solitarios, especialmente en las sociedades más desarrolladas, en las que un número creciente e importante de ciudadanos/as viven solos/as. Este fenómeno, cuyo aumento está produciéndose también en edades muy avanzadas, se vincula al aumento del valor social de la autonomía, la independencia personal y la toma de decisiones en esta etapa vital, que prefieren continuar viviendo en su hogar, aun en posibles situaciones de dependencia. Ello está llevando a los responsables políticos de diferentes países a diseñar planes y estrategias de intervención que den respuesta a estas situaciones.

No obstante este discurso alarmista con el que se nos bombardea de forma continuada puede contribuir a que los estereotipos negativos asociados a la vejez se mantengan o incluso sean asumidos directamente por las propias personas mayores. A su vez, esta asunción puede llevar a la profecía autocumplida o a la inacción, dando por sentado que el sentimiento de soledad es algo propio de la vejez, algo inevitable, lo que provoca que abandonemos cualquier intento de mejorar nuestra situación o gestionar las dificultades incluso antes de empezar.

Por todo ello es importante cuidar la comunicación sobre este fenómeno y continuar desmontando los estereotipos relacionados con la soledad en la vejez. Mediante un discurso neutro sobre la misma y tratando de evitar perpetuar la carga cultural del significado de la soledad, ayudaremos a la búsqueda de acciones individuales y comunitarias que apoyen a las personas a una gestión más adecuada de este fenómeno.

Estas reflexiones nos han llevado a iniciar en su día, un proyecto que ha considerado la soledad de una manera multidimensional, abogando por la generación de un conocimiento más profundo sobre este concepto con la finalidad de avanzar hacia un abordaje diferente y efectivo de sus dife­rentes facetas entre las personas que envejecen en Gipuzkoa.

En próximas entregas seguiremos profundizando en un fenómeno que en el momento actual, y a tenor de la situación tan excepcional que nos toca vivir, adquiere una dimensión particular si cabe más compleja. Y es que la crisis del COVID-19 ha exacerbado las condiciones o situaciones preexistentes, con un aislamiento social forzado en el hogar que altera por completo nuestra relación con el mundo y con las personas que nos rodean, sacudiendo rutinas, limitando relaciones y apoyos, y, posiblemente, alimentado sentimientos o percepciones de soledad, entre otras afectaciones y problemáticas.

Autora

Experta en Planificación Gerontológica

Autora

Investigadora de Matia Instituto

Autora

Investigadora de Matia Instituto

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