InicioBlogPensando en una vida con sentido. ¿La nueva visión de los cuidados?

Pensando en una vida con sentido. ¿La nueva visión de los cuidados?

En los últimos meses estamos asistiendo a muy diversos pronunciamientos, difusión de documentos, jornadas en los que  se plantea el futuro de los cuidados de larga duración en nuestro país.

Esta era una asignatura pendiente desde hace años, pero los dramáticos efectos de la pandemia han visibilizado, con toda su crudeza, la debilidad de los recursos que, como sociedad, dispensamos a las personas mayores que necesitan apoyos en general, y, en particular a aquellas que los reciben en centros residenciales.

Términos como unidades de convivencia, incremento de ratios, personalización, entornos hogareños, nuevas competencias profesionales son algunos de los ejes que se plantean cara a futuro en el marco que nos traen los fondos europeos del Programa Next Generation.

Estamos pues ante una oportunidad única  para una transformación en profundidad de la forma  de entender los cuidados.

Hace unos semanas leía en un titular del The New York Times que las personas no quieren abandonar su casa para ingresar en una residencia. Nada nuevo, por otro lado.

Creo que detrás de esta afirmación u otras similares, hay no hay sólo un juicio sobre la calidad, los recursos, u otros asuntos relacionados con estos centros. Seguramente, también contenga el significado que para las personas y sus familias tiene ese traslado, que en la mayoría de los casos se debe a una situación en la que las necesidades de cuidados superan con mucho las posibilidades de recibirlos en el sitio en el que se ha vivido toda la vida. 

De alguna manera, mudarse a una residencia no es algo elegido, sino sobrevenido por las circunstancias personales, y en el que la necesidad de recibir apoyos es el principal argumento para cambiar la casa por otro lugar. No hemos de olvidarlo, si, como reiteradamente afirmamos, queremos que los cuidados se centren en las personas.

Los enfoques de atención centrados en las personas se basan ante todo en los derechos humanos y también en la transferencia, a la práctica profesional, del conocimiento acumulado durante décadas acerca de los entornos que generan opciones de autonomía, independencia y bienestar por parte de quienes los habitan.

Por tanto, el compromiso de científicos, responsables políticos, profesionales y demás implicados en la planificación de entornos de cuidados ha de ser  el de contribuir para proporcionar a las personas, además de los  apoyos  que necesitan, oportunidades para que la vida, cada una la suya, tenga sentido. Y para ello, hemos no sólo disponer de conocimientos y competencias sino contar con espacios, y tiempos para conocer y escuchar a quienes cuidamos porque “Cuidar es ante todo conocerse”.

Algunos  trabajos recientes (Nygaard, et al. 2020)  que incorporan la voz de las personas nos ayudan en este cometido. Asuntos como espacio suficiente para una misma, tener la oportunidad de  hacer actividades con significado, e intercambiar afectos con personas que importan son algunas cuestiones centrales que apuntan los participantes. Todo ello, claro, con el ritmo y los tiempos que cada uno precisa .

Podríamos pensar que cuidar para una vida con sentido se configura entonces como la elaboración de una cadena compleja, armoniosa y personalísima de atenciones, engarzadas unas con otras para que acciones cotidianas como  levantarse, comer, conversar,  mirar, hacer algo… se desarrollen teniendo en cuenta los deseos, las necesidades y los recursos de cada persona.

Para ello tenemos que transformar el modelo de atención vigente por otro enfoque, el que quieren y necesitan las personas. Necesitamos espacios, tiempos, profesionales y organizaciones  que lo hagan posible. Es un cambio complejo, laborioso y también imprescindible.

Ese es el desafío y la oportunidad que tenemos por delante en este momento.

Se lo debemos a  las generaciones que nos preceden y nos lo debemos como sociedad comprometida con los derechos de las personas, independientemente de su edad, genero, o necesidad de apoyos.

En sintonía a lo expuesto anteriormente me gustaría invitaros a una cita que tendrá lugar el próximo 18 de noviembre, en la que profesionales y representantes públicos charlaremos sobre los pequeños logros y las numerosas dificultades que han ido surgiendo en una década de transito en la implantación de la atención centrada en las personas en Matia. Durante la misma tendréis la oportunidad de conocer nuevos materiales que hemos elaborado junto a Teresa Martínez, y un documental que recoge el testimonio y las voces de una parte fundamental de este cambio, el de las personas mayores que viven en estas casas. Tenéis más información de estas jornadas aquí. Os esperamos.

 

Autora

Investigadora de Matia Instituto

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