InicioBlogQuedarse en casa después del coronavirus: Un derecho también para las personas que viven en residencias

Quedarse en casa después del coronavirus: Un derecho también para las personas que viven en residencias

Vivimos tiempos  de incertidumbre en el ámbito del envejecimiento. En esta pandemia que nos invade las personas mayores han cobrado especial protagonismo, en especial las que viven en centros residenciales. Y no por buenas noticias. Cifras insoportables de personas fallecidas en residencias se suman un día sí otro también en innumerables ciudades y localidades de todo el mundo.

Aunque todavía es pronto para encontrar explicaciones a esta situación que nos genera inquietud y preocupación como profesionales y ciudadanos, son oportunas algunas reflexiones que nos han de guiar para que esto no vuelva a ocurrir nunca más.

Las personas no quieren vivir en las residencias, al menos en las que se imaginan cuando se les pregunta donde desean vivir cuando no puedan hacerlo de forma independiente. Es el último recurso cuando ya no es posible estar  y vivir en casa. Irónicamente, justo en estos días quedarse en casa se ha convertido en una suerte de seguro de vida, en especial para las personas con la salud más frágil.

¿Y qué hacemos con las residencias?. La respuesta no por sencilla deja ser compleja: convertirlas en casas, en lugares para vivir, en entornos seguros, y en los que se cuide la salud y la felicidad de la gente que las habita. Entornos en los que, al menos, se trabaje por generar oportunidades para vivir como en casa.

En estos días en que la salud ocupa el centro de nuestras vidas, se vuelven a oír voces que reclaman centros sociosanitarios, en los que la gestión de la enfermedad, no de la salud o la buena vida sea el eje que oriente el diseño de futuros entornos  de cuidados. Esta perspectiva, además de no ser la deseada por la ciudadanía, no responde ni a una perspectiva integral de la salud, ni está avalada por innumerables evidencias científicas que subrayan la importancia del diseño de los edificios, de los entornos y de la organización en aspectos relacionados con la salud  relacional, emocional y también clínica de las personas mayores con necesidades de cuidados.

Cobran especial relevancia en este momento las evidencias  que muestran la importancia de disponer de habitaciones individuales o de profesionales estables para  evitar la propagación de infecciones en entornos en los que cohabitan personas mayores y frágiles. En este mismo sentido, es fácil de imaginar que vivir en pequeñas unidades de convivencia, cada una de ellas con una plantilla fija, es un elemento más a tener en cuenta a la hora  prevenir o detectar inicialmente  la  presencia de infecciones, así como para contener su propagación.

Instituciones, entidades, investigadores y profesionales de nuestro país estamos desde hace  tiempo avanzando en un itinerario que haga posible el tan deseado “cambio cultural” en el diseño de alojamientos para personas que necesitan cuidados. Alojamientos en los que el derecho a  la vivienda, a la casa, se garantice como a cualquier ciudadana o ciudadano de nuestro país.

Entornos en los que en su diseño y equipamiento se integre de modo respetuoso y riguroso las preferencias de las personas con la satisfacción de sus necesidades de cuidados. No puede ser lo uno sin lo otro.

Se trata, en definitiva, de que “quedarse en casa” después de esta crisis se convierta otra vez en una opción, también para las personas que viven en residencias.

En fechas recientes, y en la línea de estas reflexiones, se ha publicado una declaración que aboga por un cambio en el modelo de cuidados de larga duración a nivel estatal. Un escrito que han dado forma un nutrido grupo de expertos y representantes del mundo asociativo en ámbitos del envejecimiento y la discapacidad. Desde aquí os invitamos a leerlo y, de considerarlo oportuno, a adherirse a este movimiento por el buen cuidado de las personas que viven en estos lugares y de los profesionales que las acompañan.

Autora

Investigadora de Matia Instituto

Comentarios

F

En Mexico la Asociación AMAR ya cuenta con modelos de negocio inmobiliarios residenciales que cumplen con laa acreditaciones arquitectonicas y urbanisticas para satisfacer el proceso de envejecimiento de las personas mayores

I

Aunque utópico, pues creo que habría que contar con un esfuerzo presupuestario enorme, vel estudio me ha parecido muy intereante.

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