InicioBlog¿Por qué me ayudas a vestirme y no a tener sexo?
Fotografía cedida por © Arianne Clément / Arianne Clément Photography

¿Por qué me ayudas a vestirme y no a tener sexo?

Si pensamos en nuestras vidas como personas autónomas, ¿podemos imaginar una vida plena sin sexualidad?. Probablemente no. Y es qué, ¿qué sería del bienestar sin las relaciones significativas con otras personas? ¿Podemos imaginarnos una vida con sentido y gozo sin relaciones afectivas, intimidad y ternura?. 

¿Consideramos lo mismo sobre la vida de aquellas personas en situación de dependencia a las que queremos o atendemos? Posiblemente aquí aparecen sentimientos encontrados y dudas razonables sobre cómo actuar.

Y es que, que tire la primera piedra quien no se haya sentido terriblemente incómoda al descubrir a dos personas que viven en el centro residencial en el que trabaja acariciándose íntimamente. 

Sexualidad: necesidad, identidad y derecho

La sexualidad es más compleja que el sexo. Es cómo manifestamos ser seres sexuados, la vivencia fruto de mezclar biología, roles de género, identidad, orientación sexual y otros componentes culturales.

El comportamiento sexual, a lo que comúnmente llamamos sexo, también es un término mucho más abierto y complejo de lo que podríamos imaginar. Creo que no hay mejor definición que la de cualquier actividad que así lo consideran las personas que participan en ella, haciéndolas sentirse sexuales.

Estamos hablando de necesidades humanas que conforman nuestra identidad. Es más, expresarlas libremente, además de ser un derecho, es también fuente de muchos de nuestros bienestares y placeres vitales.

Prejuicios culturales

Vivimos en sociedades en la que la sexualidad parece estar ligada íntimamente a una franja de edad, la juventud, cuando en realidad somos seres sexuados desde la más tierna infancia, hasta el final de nuestros días.

Además, esto va acompañado de una visión reduccionista  que vincula la sexualidad a lo puramente genital y coital, ligándolo a la reproducción. De ahí que si entendemos la sexualidad exclusivamente como la penetración o la genitalidad, cualquier persona que se vea impedida por sus condiciones físicas o no disfrute de este tipo de sexualidad, queda completamente fuera de esta historia. Todo ello acompañado de los roles de género, que nos “animan” a asumir cuales deben ser las actitudes y deseos de los hombres y las mujeres.

En definitiva, se nos ha enseñado que existen unos cuerpos (con unas capacidades y características concretas) que son sexuales, y pueden disfrutar de la sexualidad, mientras que en los demás, la asexualidad se debe convertir en norma o se trata de algo perverso o inmoral.

El edadismo, el capacitismo, la heteronormatividad,  el machismo y otras tantas ideas preconcebidas y discriminatorias son parte de nuestra cultura y sociedad, por lo que, en mayor o menor medida, todas las personas nos vemos influenciadas por ello, naturalizando lo cultural y creando un modelo inflexible y único de la sexualidad.

Con todos estos mimbres, ¿cómo va a ser fácil pensar de manera positiva y sin prejuicios sobre  la sexualidad de las personas en situación de dependencia?.

Familias cuidadoras

Cuando alguien de la familia cuida a una persona en situación de dependencia, es fácil caer en la trampa de no prestar atención a su sexualidad. Es el gran tabú dentro de la familia.

Como personas cuidadoras y responsables de su bienestar, son conscientes de los riesgos y a veces los miedos les invaden: “¿Y si se aprovechan?”

El miedo a las agresiones es lógico en una sociedad como la nuestra, pero el responder a él negando y anulando la sexualidad de otras personas, no va a solucionar las cosas, ni reducir los riesgos.

En cambio, cuando las familias les dotan de herramientas de autocuidado, potencian su propio autoconcepto y naturalizan el dialogo familiar sobre la sexualidad, favorecen que puedan vivirla conforme a su proyecto vital y sus necesidades de apoyo. Por lo que estarán mucho más protegidas frente a las agresiones, pudiendo poner los límites que deseen y las medidas de protección que necesiten. Es decir, a través de la promoción de la autonomía sexual, es como se logrará que la desarrollen de un modo más sano, natural y satisfactorio, a la vez que se les protege.

Profesionales

Los prejuicios también nos afectan a las profesionales, facilitando el olvido de esta parte de nuestro ser. La visión negativa y el tabú social se hace patente cuando nos sentimos tan incomodas al descubrir a una persona que vive en el centro residencial en el que trabaja con una erección o masturbándose en su cama.

Quienes trabajamos con personas en situación de dependencia podemos incorporar en sus vidas espacios seguros donde ser seres sexuales libres, sin sentirse amenazadas o expuestas, así como espacios para poder ahondar con nosotras sobre sus inquietudes y necesidades sexuales.

Y para ello, es necesario y conveniente que trabajemos nuestra propia visión de la sexualidad humana y los prejuicios que de ella penden.

Sería injusto no señalar, que,  actualmente, ya se están poniendo en marcha muchas herramientas para la facilitación de la autonomía en lo que a sexualidad se refiere, a iniciativa propia tanto de familias como de profesionales, especialmente en los casos de diversidad funcional.

En pocas ocasiones he sentido mayor integración de la promoción de la autonomía personal en un cuidador, que cuando oí a un hombre de 70 años relatar cómo desnudaba a su hija junto a su pareja, ambos con parálisis cerebral y dependencia moderada, para dejarles disfrutarse a solas en la habitación, mientras él esperaba, leyendo en la sala, la llamada para ayudarles nuevamente con la ropa.

¿Llegará el día que la promoción de la autonomía sexual será habitual en los cuidados a personas mayores en situación de dependencia? ¿Dejaremos pronto como sociedad de ponerle fecha de caducidad a la sexualidad humana?

Si os interesa el tema, enriqueceros y disfrutad leyendo: Sin reglas y Tan frescas de Anna Freixas Farré Sexualidad en entornos residenciales de personas mayores. Guía  de actuación para profesionales de Fundación Pilares; Plan sexualidad: Una herramienta para apoyar a las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo de Gorabide.

Y viendo grandes películas y series como: Yo, también de Álvaro Pastor y Antonio Naharro (2009); 80 egunean de José Mari Goenaga y Jon Garaño (2010); Transparent de Jill Soloway (2014).

Así como seguir el trabajo de nuestras amigas de: Fundación 26 de Diciembre.

Autora

Investigadora en Matia Instituto

Comentarios

A

Muy máquina Nerea, te aplaudo.

Estupendo, Nerea.

No se puede expresar mejor un tema tan clave en la vida y por el que se pasa tan por encima, cruzada una franja de edad.

J

Enhorabuena por el artículo.
Yo he vivido la situación de meter a una señora en la cama con la grúa y sin ropa cuando el marido venía a visitarla. Es increíble la cantidad de personal que no lo veía bien. Pero se mantuvo aquel cuidado mientras ellos dos quisieron.
Fue algo que me hizo reflexionar y formarme sobre el tema, lo que me lleva a estar totalmente de acuerdo contigo.
Gracias por tu escrito.

N

Zorionak por el trabajazo!!!

C

Enhorabuena Nerea! Es un tema, muy interesante; que pasamos sin tomarle la importancia debida; acordeones de las nesecidades Básicas del ser humano, según la,sucesión piramidal de Mallorca.

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